Había una vez una princesita que tenía una preciosa corona. Un brujo malo y envidioso la encerró en una torre, de donde no podía salir. La niña se encaramaba a lo alto de la torre y daba contra los barrotes para que la oyeran y vinieran a liberarla. No la soltaron nunca y murió allí en la torre, pero el ruido que hacía con la corona y que abarcaba kilómetros y kilómetros era un sonido tan hermoso, que desde todos los lugares los hombres se paraban a escucharlo, tendiendo las manos hacia el viento o intentando recogerlo en sus brazos. Ella Escribia y escribia no hacia otra cosa más que pensar en poder algún día poder reencontarse con ese alguien;

-Tengo tiempo, tengo ganas, tengo amor dentro de mi cama. Tengo chiste que no cuento para reirme yo por dentro. Tengo mucha mala leche cuando algo se me tuerce. Tengo lunas, tengo soles, tengo un tío que me pone, tengo, tengo, tengo y retengo, y lo que sobra me lo vendo y así, así disfruto el estraperlo. Tengo un túnel y un lucero para lumbrar lo que más quiero. Tengo un nudo en los tacones y un camino a trompicones. Tengo chispas y jaleo si sigo tu contoneo. Tengo ganas de quererte, de robarte y de timarte. En Marte todo va tan bien..
Tengo, tengo, tengo, y si no me lo invento. Y teniendo lo mío.Así no dependo.